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¿Por qué NO a la Eutanasia?

De acuerdo con el Santo Padre, «la eutanasia, aunque no esté motivada por el rechazo egoísta de hacerse cargo de la existencia del que sufre, debe considerarse como una falsa piedad, más aún, como una preocupante «perversión» de la misma.
En efecto, la verdadera «compasión» hace solidarios con el dolor de los demás, y no elimina a la persona cuyo sufrimiento no se puede soportar. El gesto de la eutanasia aparece aún más perverso si es realizado por quienes –como los familiares– deberían asistir con paciencia y amor a su allegado, o por cuantos –como los médicos–, por su profesión específica, deberían cuidar al enfermo incluso en las condiciones terminales más penosas.
La opción de la eutanasia es más grave cuando se configura como un homicidio que otros practican en una persona que no la pidió de ningún modo y que nunca dio su consentimiento. Se llega además al colmo del arbitrio y de la injusticia cuando algunos, médicos o legisladores, se arrogan el poder de decidir sobre quién debe vivir o morir.
De este modo, la vida del más débil queda en manos del más fuerte; se pierde el sentido de la justicia en la sociedad y se mina en su misma raíz la confianza recíproca, fundamento de
toda relación auténtica entre las personas. El deseo que brota del corazón del hombre ante el supremo encuentro con el sufrimiento y la muerte, especialmente cuando siente la tentación de caer en la desesperación y casi de abatirse en ella, es sobre todo aspiración de compañía, de solidaridad y de apoyo en la prueba. Es petición de ayuda para seguir esperando, cuando todas las esperanzas humanas se desvanecen». (1)«Hoy la eutanasia resulta de nuevo aceptable para algunos a causa del extendido individualismo y de la consiguiente mala comprensión de la libertad como una mera capacidad de decidir cualquier cosa con tal de que el individuo la juzgue necesaria o conveniente. «Mi vida es mía: nadie puede decirme lo que tengo que hacer con ella.» «Tengo derecho a vivir, pero no se me puede obligar a vivir.»
Afirmaciones como éstas son las que se repiten para justificar lo que se llama «el derecho a la muerte digna», eufemismo para decir, en realidad, el «derecho a matarse». Pero este modo de hablar denota un egocentrismo que resulta literalmente mortal y que pone en peligro la convivencia justa entre los hombres. Los individuos se erigen, de este modo, en falsos «dioses» dispuestos a decidir sobre su vida y sobre la de los demás.
Al mismo tiempo, la existencia humana tiende a ser concebida como una mera ocasión para «disfrutar». No son pocos los falsos profetas de la vida «indolora» que nos exhortan a no aguantar nada en absoluto y a que nos rebelemos contra el menor contratiempo. Según ellos, el sufrimiento, el aguante y el sacrificio, son cosas del pasado, antiguallas que la vida moderna habría superado ya totalmente. Una vida «de calidad» sería hoy una vida sin sufrimiento alguno.
Quien piense que queda todavía algún lugar para el dolor y el sacrificio, es tachado de «antiguo» y de cultivador de una moral para esclavos. No es extraño que desde actitudes hedonistas de este tipo, unidas al individualismo, se oigan supuestas justificaciones de la eutanasia como éstas: «yo decido cuándo mi vida no merece ya la pena» o «a nadie se le puede obligar a vivir una vida sin calidad». (2)
¿Merece vivir una persona anciana, que no puede valerse ya por si misma, después de haber dejado la vida en beneficio de la sociedad, y en muchas ocasiones, de aquellos que van a decidir sobre su muerte? ¿Vale la pena prestar asistencia a los minisválidos, en vista de que su productividad es menor, mínima o nula? ¿Qué hacemos si en el sanatorio faltan camas? ¿Lo ampliamos a un costo siempre alto, o le «damos salida» a los enfermos irrecuperables, sin
necesidad de invertir un peso? -
Santo del Día

S. GUIDO DE BRABANTE
Guido nació en Anderlecht, en la región de Brabante, en el seno de una familia pobre de campesinos. Su estilo de vida será teñido de la pobreza evangélica; estilo que lo acompañará durante miles de kilómetros, privándose de todo lo que fuera excesivo y aún de lo necesario para compartirlo con los demás. Por esta razón se le considera como un precursor de San Francisco de Asís, tanto que se le apodó «el pobre de Anderlecht». Canonizado en 1112, un siglo después de su muerte, fue olvidado durante mucho tiempo, pero las eventos prodigiosos que tuvieron lugar donde yacen sus restos han recordado su figura al mundo.
De comerciante a peregrino
Guido no retiene nada para sí mismo y lo poco que tiene también se lo da a los más pobres. Como no se halla muy a gusto con su familia campesina, muy pronto la deja para servir a un sacerdote en la iglesia de Mariansee en Laken, no lejos de Bruselas. Aquí el contacto con la indigencia y las necesidades humanas más esenciales es continuo, por lo que decide emprender una actividad comercial, pero no para su propio beneficio, sino para abrir un fondo cuyos ingresos se destinen íntegramente a los pobres de la ciudad. Pero la via que el Señor ha preparado para él no es aquella que le parecía tan fácil y sencilla. Cuando el primer barco que transportaba sus mercancías naufraga en el puerto fluvial de Bruselas, Guido lo interpretará como una clara señal de que su camino debe ser otro. Así que deja todo y se pone la túnica penitencial del peregrino.Viajando con la alforja
Durante siete años Guido recorrió los caminos de Europa y aún más allá. Durante sus viajes evangelizó y llevó a Jesús a todos los que encontraba, pero también ofrecía su pan a los que lo necesitasen. A menudo y de muy buena gana también se privaba de su ración cotidiana, llenando su alforja con tierra para no mostrar su propia limosna, pero el Señor le recompensará llenándola de nuevo con pan. De esta manera, visitó los más grandes santuarios de la cristiandad: incluso llegó a Tierra Santa, como lo hizo el Pobrecillo de Asís dos siglos después. A su regreso, pasando por Roma, se encontró con el decano de Anderlecht que, a punto de morir, le encargó que anunciara la noticia. Entonces Guido regresa a casa, pero llegó ya muy cansado y enfermo y, al poco tiempo, volvió a la Casa del Padre. Hoy sus restos descansan en la iglesia colegial de la ciudad. -
Evangelio de Hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas
Lc 7, 1-10
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar a la gente, entró en Cafarnaúm. Había allí un oficial romano, que tenía enfermo y a punto de morir a un criado muy querido. Cuando le dijeron que Jesús estaba en la ciudad, le envió a algunos de los ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos, al acercarse a Jesús, le rogaban encarecidamente, diciendo: «Merece que le concedas ese favor, pues quiere a nuestro pueblo y hasta nos ha construido una sinagoga». Jesús se puso en marcha con ellos.
Cuando ya estaba cerca de la casa, el oficial romano envió unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes, porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa; por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte. Basta con que digas una sola palabra y mi criado quedará sano. Porque yo, aunque soy un subalterno, tengo soldados bajo mis órdenes y le digo a uno: ‘¡Ve!’, y va; a otro: ‘¡Ven!’, y viene; y a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace».
Al oír esto, Jesús quedó lleno de admiración, y volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo: «Yo les aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande». Los enviados regresaron a la casa y encontraron al criado perfectamente sano.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
Pero quizá el reconocimiento más conmovedor de la pobreza de nuestra oración floreció de la boca de ese centurión romano que un día suplicó a Jesús que sanara a su siervo enfermo (cf. Mt 8,5-13). Él se sentía completamente inadecuado: no era judío, era oficial del odiado ejército de ocupación. Pero la preocupación por el siervo le hace osar, y dice: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano» (v. 8). Es la frase que también nosotros repetimos en cada liturgia eucarística. Dialogar con Dios es una gracia: nosotros no somos dignos, no tenemos ningún derecho que reclamar, nosotros “cojeamos” con cada palabra y cada pensamiento… Pero Jesús es la puerta que nos abre a este diálogo con Dios. (Audiencia, 3 marzo 2021) -
Santo del Día

S. NICOLÁS DE TOLENTINO, SACERDOTE AGUSTINO
Nicolás nace en la región de las Marcas en 1245, en la diócesis de Fermo. Adolescente conoce a los agustinos y se consagra en la comunidad de Tolentino. Es un asceta con la sonrisa amable, las largas oraciones y el ayuno siempre van acompañados de simpatía y caridad. Muere en 1305.
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Evangelio de Hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas
Lc 6, 43-49
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No hay árbol bueno que produzca frutos malos, ni árbol malo que produzca frutos buenos. Cada árbol se conoce por sus frutos. No se recogen higos de las zarzas, ni se cortan uvas de los espinos.
El hombre bueno dice cosas buenas, porque el bien está en su corazón; y el hombre malo dice cosas malas, porque el mal está en su corazón, pues la boca habla de lo que está lleno el corazón.
¿Por qué me dicen ‘Señor, Señor’, y no hacen lo que yo les digo? Les voy a decir a quién se parece el que viene a mí y escucha mis palabras y las pone en práctica. Se parece a un hombre, que al construir su casa, hizo una excavación profunda, para echar los cimientos sobre la roca. Vino la creciente y chocó el río contra aquella casa, pero no la pudo derribar, porque estaba sólidamente construida.
Pero el que no pone en práctica lo que escucha, se parece a un hombre que construyó su casa a flor de tierra, sin cimientos. Chocó el río contra ella e inmediatamente la derribó y quedó completamente destruida’’.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
Es Él, la fuerza. Pero muchas veces, quien confía en el Señor no aparece, no tiene éxito, está escondido… pero es firme. No tiene su esperanza en decir, en la vanidad, en la soberbia, en los efímeros poderes de la vida… El Señor, la roca. La concreción de la vida cristiana nos hace avanzar y edificar sobre esa roca que es Dios, que es Jesús; en el sólido de la divinidad. No en las apariencias ni en la vanidad, en el orgullo, en las recomendaciones… No. La verdad. (Homilía Santa Marta, 6 diciembre 2018)
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Devoción de las Dos Mil Avemarías

FUE EN 1933, YO MONS. JUAN RIU FARRÁN, habia cumplido quince años y medio: estaba estudiando en el Seminario Salesiano de San Vicente del Horts, cerca de la Ciudad de Barcelona.
Un dia, cerca del 25 de MARZO de 1933, uno de los compañeros del Seminario, llamado DANIEL ARA, de la Provincia de Huesca, en Aragon, me dijo: «RIU, tengo also interesante que comunicarte: HAY UNA PIADOSA CREENCIA, QUE QUIEN REZA DOS MIL AVEMARIAS el DIA 25 DE MARZO, FIESTA DE LA ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS, CONSIGUE DE LA SANTISIMA VIRGEN MARIA, TRES GRACIAS, POR LO MENOS, DE LAS QUE LE PIDA».
Esa información quedo profundamente grabada en mi mente, y cuando llego el dia 25 de MARZO rece con mucha devocion DOS MIL AVEMARIAS, pidiendo a la Santisima Virgen Maria, TRES GRACIAS: SER SALECIANO, SER SACERDOTE, SER MISIONERO…y espere confiadamente en el cumplimiento de la promesa de la Santísima Virgen.
El dia 16 de JULIO de 1935, despues de oir la Santa Misa, servida por mi y por aquel compañero, DANIEL ARA, nos fuimos de excursion o paseo por los bosques y colinas, no lejos de la ciudad de Gerona, donde estabamos haciendo el Noviciado, en preparación a la PROFESIÓN RELIGIOSA SALESIANA. Hacia medio dia, al reunirnos junto a los Superiores, que nos acompañaban el la excursión, nos comunican la triste nueva de que el compañero DANIEL ARA, al tratar de saltar un riachuelo, perdió el equilibrio y cayó al agua y se ahogó.
El dia 17, muy impresionados, comenzamos los Ejercicios espirituales en preparacion a la Profession religiosa, que tuvo lugar el dia 27 de JULIO, a las diez de la mañana. En ese momento, me di cuenta de que se cumplia la PRIMERA GRACIA pedida el 25 de MARZO de 1933: SER SALESIANO.
En JULIO 18 de 1936, estallo la revolución y persecuión española, en que tuvimos que abandonar el Seminario corriendo el peligro de ser apresados y asesinados, como ocurrió con cientos de miles. Fueron años duros y dificiles. Terminada la guerra civil española el Primero de ABRIL de 1939, con la derrota de comunismo español, por las tropas del General Franco, pudimos regresar a nuestras Casas Religiosas a continuar nuestros estudios en preparación al sacerdocio.
EL DIA 15 DE JUNIO DE 1946, el la Capilla del Seminario de Madrid, nos ordenaban de sacerdotes a VEINTE COMPAÑEROS SALESIANOS, el Obispo de MADRID, Mons. Leopoldo Eijo y Garay. LA SEGUNDA GRACIA pedida el 25 de MARZO de 1933, se habia cumplido.
Y, el dia 30 de AGOSTO de 1952, aterrizaba en SAN JUAN DE PUERTO RICO, para comenzar mi labor apostólica misionera en el barrio mas pobre de San Juan. Y se hacia realidad la TERCERA GRACIA PEDIDA en MARZO 25 de 1933: SER MISIONERO. Después de ONCE LARGOS AÑOS de labor misionera en Puerto Rico, fui invitado por el Obispo MONS. JOSE FELIX PINTADO, a ir ayudarle en las MISIONES SALESIANAS DEL ORIENTE ECUATATORIANO, consideradas como REGAR UN ARBOL SECO, desde el 4 de Diciembre de 1964 hasta el dia de hoy, La Santisima VIRGEN habia cumplido su promesa.
Hoy dia, la DEVOCIÓN DE LAS DOS MIL AVEMARIAS se ha extendido por muchos Paises, gracias a fervor y devoción Mariana de los FILIPINOS.
DEVOCIÓN DE LAS DOS MIL AVEMARIAS
Purísima de MacasDEVOCIÓN DE LAS DOS MIL AVEMARIAS – ESPAÑOL/ ENGLISH
FUE EN 1933, YO MONS. JUAN RIU FARRÁN, habia cumplido quince años y medio: estaba estudiando en el Seminario Salesiano de San Vicente del Horts, cerca de la Ciudad de Barcelona.
Un dia, cerca del 25 de MARZO de 1933, uno de los compañeros del Seminario, llamado DANIEL ARA, de la Provincia de Huesca, en Aragon, me dijo: «RIU, tengo also interesante que comunicarte: HAY UNA PIADOSA CREENCIA, QUE QUIEN REZA DOS MIL AVEMARIAS el DIA 25 DE MARZO, FIESTA DE LA ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS, CONSIGUE DE LA SANTISIMA VIRGEN MARIA, TRES GRACIAS, POR LO MENOS, DE LAS QUE LE PIDA».
Esa información quedo profundamente grabada en mi mente, y cuando llego el dia 25 de MARZO rece con mucha devocion DOS MIL AVEMARIAS, pidiendo a la Santisima Virgen Maria, TRES GRACIAS: SER SALECIANO, SER SACERDOTE, SER MISIONERO…y espere confiadamente en el cumplimiento de la promesa de la Santísima Virgen.
El dia 16 de JULIO de 1935, despues de oir la Santa Misa, servida por mi y por aquel compañero, DANIEL ARA, nos fuimos de excursion o paseo por los bosques y colinas, no lejos de la ciudad de Gerona, donde estabamos haciendo el Noviciado, en preparación a la PROFESIÓN RELIGIOSA SALESIANA. Hacia medio dia, al reunirnos junto a los Superiores, que nos acompañaban el la excursión, nos comunican la triste nueva de que el compañero DANIEL ARA, al tratar de saltar un riachuelo, perdió el equilibrio y cayó al agua y se ahogó.
El dia 17, muy impresionados, comenzamos los Ejercicios espirituales en preparacion a la Profession religiosa, que tuvo lugar el dia 27 de JULIO, a las diez de la mañana. En ese momento, me di cuenta de que se cumplia la PRIMERA GRACIA pedida el 25 de MARZO de 1933: SER SALESIANO.
En JULIO 18 de 1936, estallo la revolución y persecuión española, en que tuvimos que abandonar el Seminario corriendo el peligro de ser apresados y asesinados, como ocurrió con cientos de miles. Fueron años duros y dificiles. Terminada la guerra civil española el Primero de ABRIL de 1939, con la derrota de comunismo español, por las tropas del General Franco, pudimos regresar a nuestras Casas Religiosas a continuar nuestros estudios en preparación al sacerdocio.
EL DIA 15 DE JUNIO DE 1946, el la Capilla del Seminario de Madrid, nos ordenaban de sacerdotes a VEINTE COMPAÑEROS SALESIANOS, el Obispo de MADRID, Mons. Leopoldo Eijo y Garay. LA SEGUNDA GRACIA pedida el 25 de MARZO de 1933, se habia cumplido.
Y, el dia 30 de AGOSTO de 1952, aterrizaba en SAN JUAN DE PUERTO RICO, para comenzar mi labor apostólica misionera en el barrio mas pobre de San Juan. Y se hacia realidad la TERCERA GRACIA PEDIDA en MARZO 25 de 1933: SER MISIONERO. Después de ONCE LARGOS AÑOS de labor misionera en Puerto Rico, fui invitado por el Obispo MONS. JOSE FELIX PINTADO, a ir ayudarle en las MISIONES SALESIANAS DEL ORIENTE ECUATATORIANO, consideradas como REGAR UN ARBOL SECO, desde el 4 de Diciembre de 1964 hasta el dia de hoy, La Santisima VIRGEN habia cumplido su promesa.
Hoy dia, la DEVOCIÓN DE LAS DOS MIL AVEMARIAS se ha extendido por muchos Paises, gracias a fervor y devoción Mariana de los FILIPINOS.
MONS. JUAN RIU FARRAN (El Mons. Farran ya ha fallecido. Que descanse en paz.)
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Inició en el Vaticano el III Congreso Internacional de Catequesis

“El Catequista, testigo de la vida nueva en Cristo”, es el título del III Congreso Internacional de Catequesis, organizado por la Sección para las Cuestiones Fundamentales de la Evangelización en el Mundo, del Dicasterio para la Evangelización, que inició la tarde de este jueves 8 y se desarrollará hasta el sábado 10 de septiembre, en el Aula Pablo VI del Vaticano.
Profundizar el vínculo entre catequesis y formación moral
Este Congreso, pretende profundizar el vínculo que existe entre catequesis y formación moral a la luz de la Tercera parte del Catecismo de la Iglesia católica. Los dos primeros Congresos Internacionales de Catequesis realizados en el Vaticano en 2013 y 2018 sobre la Primera y Segunda Parte del Catecismo de la Iglesia Católica examinaron el servicio del catequista en relación con el anuncio de la fe y con la celebración del misterio cristiano. Por ello, este III Congreso cuenta con ponentes de primera línea y está compuesto por momentos que facilitaran el encuentro con otros catequistas del mundo entero.Testigos de una nueva vida en Cristo
En este III Congreso están congregados todos aquellos que trabajan por el anuncio del Evangelio, ya sea como responsables diocesanos y formadores, como catequistas y acompañantes que desarrollan su tarea en las comunidades parroquiales. Se espera que con los conocimientos adquiridos y con el testimonio del Papa Francisco, con quien está previsto un encuentro el día sábado 10 de septiembre, puedan salir fortalecidos en su misión como catequistas testigos de una vida nueva en Cristo. -
“Nos Vemos en el Paraíso”

El atentado donde Maria de Coppi perdió la vida tuvo lugar en la noche del martes 6 de septiembre en Chipene, Mozambique, país del sur de África.
“Aquí disparan. Nos vemos en el paraíso. Están quemando la casa. Si no tienes más noticias mías, aprovecho para disculparme por mis defectos y para decirte que os he querido mucho. Acuérdate de mí en la oración”, pidió la hermana Maria.
“Si el buen Dios me da la gracia, te protegeré desde allí. He perdonado a los que me matarán. Tú haz lo mismo. Un abrazo”, se despidió la valiente misionera.
La hermana María De Coppi, italiana de 84 años originaria de Vittorio Veneto (Italia), se encontraba en misión en África desde 1963.
Tras el incendio de su misión, donde los religiosos acogían a desplazados que huyen de los grupos terroristas islamistas, esta monja perdió la vida y el resto de hermanas y dos misioneros del Véneto (Italia) -Don Lorenzo Barro y Don Loris Vignadel-, pudieron salvarse.
Según informó Corriere del Veneto, la anciana misionera envió un mensaje de voz a su sobrina, Gabriella Bottani, quien decidió compartir las palabras de su tía horas antes de ser alcanzada por los terroristas del Estado Islámico.
En el mensaje, con voz serena y sin miedo, la religiosa explicó a su sobrina que la situación se había complicado debido a que “el grupo al que llaman al-Shabaab, los insurgentes, está muy cerca”.
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Curar la Ceguera de la Soberbia

La soberbia puede llevar a la insensibilidad, al desprecio del otro, a la creencia de ser superior respecto de los equivocados, los viciosos, los incultos, los anclados en un pasado visto como algo sin sentido.
La soberbia ciega, sobre todo cuando uno tiene una gran inteligencia y una personalidad fuerte, que le llevan a sentirse cualificado para juzgarlo todo con un criterio válido: el suyo.
Una vez herido por la ceguera, el soberbio no percibe ni el daño que producen sus palabras, ni la pena de quien ha sido despreciado, ni la posibilidad de que otros puntos de vista puedan tener también su parte de razón.
No resulta fácil curar la ceguera de la soberbia, precisamente porque quien se autodeclara bueno, inteligente, justo, “superior”, no percibe ninguna necesidad de convertirse, de replantearse la propia vida, porque ya la ve como “perfecta”.
Ese es el gran daño de la soberbia: hacer que uno llegue a considerarse infalible, poseedor de cualidades que otros deben reconocer para seguir sin resistencia lo que el soberbio afirme y defienda.
A pesar de lo difícil que parece curar a quien ha llegado a ese estado, existen ocasiones que abren un rayo de curación. Quizá un golpe en la vida, una enfermedad imprevista, una palabra sincera y franca de un familiar o un amigo, se convierten en ocasiones para desmontar mentiras y para abrirse a la gran virtud de la humildad.
Por desgracia, más de alguno, enfermo gravemente de soberbia, reaccionará de malas maneras ante lo que habría sido una ocasión para iniciar una terapia liberadora.
Pero con la ayuda de Dios, y desde ese inmenso tesoro de la libertad que todos tenemos como don, habrá soberbios que interrumpan su sueño de mentiras y se abran al horizonte de la ternura y de la compasión.
Entonces empezarán un camino de conversión que les ayudará a acoger el perdón de Cristo, y les permitirá sentir la alegría de estar junto a hermanos frágiles que también son amados por el Padre de los cielos.
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Evangelio de Hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas
Lc 6, 39-42
En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos este ejemplo: “¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; pero cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.
¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo te atreves a decirle a tu hermano: ‘Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo’, si no adviertes la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga que llevas en tu ojo y entonces podrás ver, para sacar la paja del ojo de tu hermano”.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
«¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Cor 9, 16), declaraba san Pablo. Si a nosotros el Señor Jesús nos ha cambiado la vida, y nos la cambia cada vez que acudimos a Él, ¿cómo no sentir la pasión de darlo a conocer a todos los que conocemos en el trabajo, en la escuela, en el edificio, en el hospital, en distintos lugares de reunión? Si miramos a nuestro alrededor, nos encontramos con personas que estarían disponibles para iniciar o reiniciar un camino de fe, si se encontrasen con cristianos enamorados de Jesús. ¿No deberíamos y no podríamos ser nosotros esos cristianos? Os dejo esta pregunta: «¿De verdad estoy enamorado de Jesús? ¿Estoy convencido de que Jesús me ofrece y me da la salvación?». Y, si estoy enamorado, debo darlo a conocer. Pero tenemos que ser valientes: bajar las montañas del orgullo y la rivalidad, llenar barrancos excavados por la indiferencia y la apatía, enderezar los caminos de nuestras perezas y de nuestros compromisos. (Angelus, 6 diciembre 2015)
